martes, 24 de mayo de 2016







SANTOS,  LA SUMA DE EPÍTETOS DESHONROSOS

Por Peloecaña

Nadie que se lo hubiera propuesto con ahínco y perseverancia febril  hubiera logrado tan abundante y justificada colección de todos los epítetos vergonzantes que Juan Manuel Santos Calderón ostenta.

Superó con creces a todos los integrantes de la siniestra SSSS, Santofimio, Serpa, Samper, Santos y, desde luego, hace posible una licencia ortográfica grave que nos permitiría escribir sinismo con S.

Su liberalismo rampante le ha permitido pasearse por las amplísimas naves del libertinaje constitucional, para plantar la tiranía donde antes reinaba la libertad.

Se muestra cínico de campeonato pero no de los discípulos de Antístenes y Diógenes, sino de quienes tienen como oficio pertinaz la desvergüenza y la procacidad; la impudicia, el desaseo moral.

Ejerce la felonía y la traición a domicilio, sin reato de conciencia alguno, y este comportamiento es connatural a su conducta y parte fundamental e irreemplazable de su exótica dieta espiritual.

Como tahúr aventajado, es frío y calculador y padece de una fagocitosis insaciable y devora a sus circundantes sin pestañear; esa es la suerte de quienes se sientan con él a disfrutar una partida que presumen se libra dentro de la reglas del buen competidor.

Su víctimas se cuentan por montones: el Dr. Álvaro Uribe Vélez; el alto comisionado para la paz, Dr. Restrepo; sus colegas de gabinete, Londoño y Arias; el exgobernador Luis Alfredo Ramos Botero; la periodista Vicky Dávila; el pueblo colombiano que lo eligió dos veces; y también se comerá vivo al Dr. Vargas Lleras.

Su egolatría desmesurada lo ha llevado a sacrificar todo un país, en aras de satisfacer una de sus obsesiones; ya no es la tenencia de todo el poder para sí; es contar entre sus logros y alamares el Premio Nobel de la Paz, pero como es muchísimo menos que Rigoberta Menchú u Obama, está condenado a que esa será su gran frustración personalísima. ¡Jamás conseguirá tan deseado galardón!

Ha acumulado en torno suyo todo el poder del Estado. El Barón de Montesquieu jamás se imaginó que Maduro fuera mejor maestro que él, el autor del “Espíritu de las Leyes” y de la división tripartita del Poder Público.

Tuvo la audacia necesaria y supo esperar, hasta consolidar un Congreso de enanos mentales y de eunucos políticos, ajenos a cualquier ideología, que le garantizaran su ansiada dictadura, al precio de su propia dignidad; la perdieron toda en la mesa del tahúr, porque todos cambiaron el cerebro por el aparato digestivo.

Y los jueces superaron con creces el mal ejemplo de sus pares en Venezuela y abandonaron su toga y su birrete, y sucumbieron ante la réplica de Temis; cambiaron su sabiduría y su solvencia moral por las minifaldas y los descotes de las meretrices y cortesanas.

Y hasta ahora el contrincante que se va alzar con toda la banca de la mesa de casino son las FARC, más tramposas que él, que se cree el primero entre los tramposos, que en La Habana están ganando con par de doses.  

Y Colombia impertérrita, dopada,  pasmada y sedada como si lo que está en juego no fuera su futuro institucional, su pasado histórico, a pesar de Santander y todos sus herederos.

¡Que Dios nos tenga de su mano!


viernes, 20 de mayo de 2016





LOS  CONSTITUYENTES DE 1991


Por Peloecaña

Cuando el presidente Gaviria quiso pasar a la historia como el émulo de Rafael Núñez, se propuso expedir una nueva Constitución y para ello contó con la complicidad de la Corte Suprema de Justicia, en cabeza de un Magistrado conservador, sabio y probo el Dr. Hernando Gómez Otálora, que con su ponencia avalada por sus compañeros puso patas arriba la política colombiana, todo en nombre de la paz. ¿Se acuerdan?

Pero como la Constitución de 1886 tuvo un inspirador intelectual e ideológico, Don Miguel Antonio Caro, también conservador, el presidente Gaviria pretendió hallar un jurista y un pensador superior a Don Miguel y se equivocó absolutamente; escasamente encontró a Humberto de La Calle Lombana, antípoda intelectual y moral del mentor de la magna obra que la historia atribuye a Rafael Núñez.

Como todos los dirigentes políticos,  sin excepción incluidos los más cimeros, aceptaron que la fuerza de Pablo Escobar, la vigencia del narcotráfico y el auge de la insurgencia guerrillera y terrorista se debía detener reformando la Constitución mas que centenaria, escucharon el llamado  de Gaviria y de La Calle y acudieron presurosos a demoler la obra atribuida al Regenerador de El Cabrero. Siempre en busca de la tan esquiva paz, que desde el emperador Octavio es  exótica y rara.

De tan variopinta integración, la Asamblea Nacional Constituyente parió trillizos de padres distintos que la presidieron: el gran Álvaro Gómez Hurtado,  estadista de la cabeza a los pies; Horacio Serpa Uribe y Antonio Navarro Wolff, el guerrillero del M19, secuestrador del estadista insigne; y Serpa, acusado de inductor del asesinato del hijo de Laureano Gómez. ¡Qué malas compañías!

Expidieron la nueva Constitución, auténtica panacea para todos los males de Colombia, pero fue peor el remedio que la enfermedad y la paz tan anhelada, deseada y necesaria sigue refundida. 

Hoy, después de 25 años, el régimen necesita una nueva Carta Fundamental, pero para lucir impecable la quiere a su medida, confeccionada por un sastre, por un modisto, y por eso acude a los diálogos de La Habana, porque el costurero no ha de ser experto ni fino; desde luego queda mejor si la hace un chapucero; en últimas quien la va a usar es el proletariado.

Pero como el que pretende lucir  el traje es el presidente Santos, a él no le importa la calidad del atavío que ha de ostentar en Oslo; puede asistir de frac, de liquiliqui o de camuflado.

Y algunos de los protagonistas del exabrupto de 1991 son los mismos de hoy: Humberto de La Calle Lombana, Horacio Serpa Uribe y Antonio Navarro Wolff.

Quiere el régimen desconocer la normatividad constitucional vigente y para ello viene contando con un Congreso emasculado, con más eunucos que odaliscas, y con un guardián de la Constitución que no cuida ni guarda absolutamente nada, sólo le preocupa que la mermelada fluya a torrentes y que nunca falte; para eso no se necesitan juristas, basta con magistrados de himen complaciente.

Por extraño que parezca, los eunucos del serrallo y los centinelas desarmados de la Constitución han aceptado, a sabiendas, un cheque sin fondos, girado por la cúpula de las FARC, por los negociadores del gobierno en La Habana, con de La Calle a la cabeza y por el tahúr consumado.

El Congreso mayoritario, en contubernio vergonzoso, por primera y tal vez única vez, ha aprobado un estatuto constitucional, sin articulado y sin texto conocido, en la más indigna renuncia a sus deberes de debatir y cuestionar, renunciando hasta a la mala costumbre de introducir micos y orangutanes, a los proyectos que son sometidos a su escrutinio legislativo.

Es por eso que con una brizna de esperanza, confiamos que un grupo de ciudadanos decentes, que por fortuna aún existe, convoque institucionalmente a los constituyentes que detengan tanto atropello y tanta ignominia y, respetuosamente, propongo entre otros, a los doctores Jaime Castro, Miguel Santamaría Dávila, Juan Carlos Esguerra Portocarrero, Carlos Lleras de la Fuente, Mariano Ospina Hernández, Juan Gómez Martínez, Antonio Galán Sarmiento, Carlos Rodado Noriega, Hernando Yepes Arcila; y a otros ciudadanos, también eminentes, como Fernando Londoño Hoyos, Enrique Gómez Hurtado, Felipe Valencia López; toda la bancada parlamentaria del Centro Democrático; María Clara Ospina Hernández, Oscar Iván Zuluaga; voceros de los gremios; Marta Lucía Ramírez, al General Harold Bedoya Pizarro, al Coronel Plazas Vega y a los expresidentes Pastrana y Uribe; y a todos que con autoridad tengan todavía sentido de amor a Colombia, para que constituidos en un dique que contenga los desafueros de Juan Manuel Santos y sus secuaces de La Habana, no dejen morir la Patria indiferentes.


domingo, 8 de mayo de 2016




LA LEY DEL EMBUDO

Por Peloecaña

La presencia efímera de la excandidata presidencial secuestrada por las FARC mientras hacía campaña electoral en El Caguán, que fue liberada gracias a la gestión del expresidente Uribe y a la solvencia y estrategia del Comandante de las Fuerzas Militares y del Comandante de la Policía y de la labor arriesgada y meritosísima de soldados que participaron en tan exitosa Operación Jaque y de cuyas mieles y satisfacciones también participó el Ministro de Defensa del gobierno de aquel momento, alborotó el gallinero.

Doña Ingrid bien puede repetir la palabras de César veni, vidi, vici, después de llegar a rendir informe al Senado por su victoria en la batalla de Zela.

Vine, vi, vencí. Los periodistas se hacen la boca agua comentando su conferencia mediática en la que, en un alarde de generosidad, perdonó a todas las víctimas de sus deslealtades, empezando por su compañera de luchas políticas y de cautiverio, la actual Representante Clara Rojas, quien anonadada recibió el abrazo de la Betancur Pulecio y está convencida de que le quedó debiendo.

También quiere ir a La Habana a reabrazar a uno de sus captores y anuncia su respaldo irrestricto a los diálogos de paz de sus secuestradores con el gobierno de Santos. ¡Dios los hace y el diablo los junta!

Les sugiero funden una ONG o una fundación pro otorgamiento del Nobel de Paz a quien nunca antes lo había merecido tanto, como el actual jefe del gobierno colombiano.

Esa asociación en pro del reconocimiento universal a quien tanto le debemos los colombianos, bien puede estar encabezada, jamás liderada, por la propia Ingrid, el Ministro de Defensa, también víctima de las FARC por el secuestro de su hija y por el Ministro del Interior, cuyo padre fue asesinado por el ELN. 

Otra vez la periodista María Jimena Duzán se ganó el honor de mis comentarios. ¡Ni más faltaba que no! 

El discurso de Ingrid ofreciendo y proclamando perdón para tirios y troyanos la conmovió hasta las lágrimas y la llevó al éxtasis, al delirium tremens, al frenesí; superó con creces el mandato evangélico: "Os doy un mandato nuevo, que os améis los unos a los otros, como yo os he amado." Casi todos los que acuden a esta cita bíblica omiten la parte mas sustancial del mandato divino, no terminan de leerlo: "En esto conocerán que sois mis discípulos".

María Jimena acatará el mandato de Ingrid, máxime después de conocer su grado con honores y coronado Magna Cum Laude, su maestría en teología de la Universidad de Oxford.

Como el movimiento se demuestra andando, María Jimena le perdonará al señor Procurador su catolicismo declarado y practicado; y su militancia conservadora ya no serán para ella ni para nadie en Semana un baldón ni un INRI, máxime cuando descubran que el Dr. Gabriel Betancur Mejía, padre de Ingrid, fue figura preeminente del conservatismo antioqueño.

Quien quita que hasta respalden su candidatura presidencial, la del Dr. Ordoñez Maldonado, en la medida en que no se oponga  a la nueva teóloga, Dra. Betancur, ahora que comparte creencias con tan vilipendiado santandereano.


Para que María Jimena Duzán complete el ejercicio del perdón, debe incluir en su lista de perdonados al expresidente Álvaro Uribe Vélez.

martes, 3 de mayo de 2016





DE  PIRATERÍA Y OTROS ASUNTOS

Por Peloecaña

Cuentan los cronistas que se han ocupado de escribir acerca del tema de la piratería que los piratas "Son los enemigos del género humano, hostes humani generis."

Con la bandera negra en el palo mayor que, desde luego, llevaba la calavera y las canillas cruzadas, recorrían los siete mares y sus galeones temidos apuntaban la proa hacia sus víctimas, entre turbias espumas.

"Ante su solo nombre tiemblan en La Habana los españoles, en Kingston los ingleses, en Martinica los franceses, en Curaçao los holandeses, en el mar los marinos, en la tierra los ricos, y hasta en la sombra de los montes las mujeres, los frailes y los niños. En tiempos de la reina Isabel se empezaba siendo pirata: se terminaba siendo almirante del reino".

Por estos lares, en La Habana hacen temblar los piratas de las FARC; en Colombia tiemblan  los ricos y, desde luego, las madres de soldados y policías y se regocijan algunos frailes; y el cadete de la base naval de Cartagena que decidió mejor ser pirata para terminar de almirante presidente, goza exultante de su felonía reiterada y continuada.

Dicen los mismos cronistas que quien quería ser capitán de piratería, antes que tener un galeón bien armado y antes de tener la bandera negra con la impresión de la calavera y las canillas, acudía a las tabernas y garitos, llenos de humo de tabaco barato y del tufo de ron también de baja calidad, de los puertos de todas partes, a escoger su tripulación y sus oficiales indignos y, una vez logrado esto, buscaban un armador o un mecenas que les facilitara el barco y las armas y el menaje, y a veces hasta el loro.

El pago a tanta generosidad  siempre fue la felonía; se quedaba el capitán filibustero con la nave y el botín fruto de todo su pillaje y depredación; casi siempre en las bodegas había mermelada a discreción para pagar la oficialidad y la soldadesca.

Como la oficialidad siempre tenía la misma ralea que el capitán corsario, jamás dejó de existir en los cálculos de todos la posibilidad de un motín a bordo, por el mal reparto de gollerías, prebendas  y mermelada.

Toda la oficialidad reclamaba su cuota de poder y jamás permitía su modificación negativa; como había sido escogida en distintas tabernas y garitos había de todas las condiciones y calañas; unos venían del proceso 8.000, otros de las toldas de la bandera azul  y compañía, desde luego, había piratas con la divisa roja, también verde, ni mas faltaba que estuviera ausente la representación de la bandera amarilla, lo importante era que en un verdadero alarde de alquimia lograran convertir esa policromía en la bandera negra ornada con la calavera y las canillas.

Como ya Colombia había perdido miles de kilómetros cuadrados y millas náuticas de su mar, y en La Habana el capitán corsario estaba por consumar una más de sus felonías, quizás la mas lacerante de todas, que consistía en cambiar de nave y de tripulación, incluida la oficialidad toda, creyó como auténtico bucanero y mejor tahúr barajar, empastelar y repartir de nuevo.

El representante de la cuerda del proceso 8.000 y del trapo rojo no se aguantó y ahíto de mermelada, no obstante mantener una buena tajada del ponqué, abandonó la nave y le dio con la puerta en las narices al dueño de la bandera negra con la calavera y las canillas. 

Y como el loro del concurso de Gelhada se fue diciendo: “a mi más tajada o nada”.