domingo, 27 de agosto de 2017






SE  EQUIVOCA EL SENADOR JOSÉ OBDULIO GAVIRIA


Por Peloecaña

Entrevistado por una periodista de Blu Radio en el día de ayer, acerca de las opiniones dadas en su programa LA HORA DE LA VERDAD  por el doctor Fernando Londoño Hoyos, en las que confronta duramente, opiniones del precandidato del Centro Democrático, doctor Iván Duque, emitidas el pasado viernes, debo salir al quite de las declaraciones del Senador Gaviria, no para defender al doctor Londoño, ya que él es excelente gallo de pelea y ha demostrado, hasta la saciedad, que se defiende solo.

Es mi obligación insistir en la razón de ser de mi postura, frente a la precandidatura del doctor Duque, manifestada sin ambages por mí en las dos últimas columnas de DESIDERATA, y que son coincidentes con lo afirmado por el Director de LA HORA DE LA VERDAD.

Dice José Obdulio  en el programa radial al que me refiero al comienzo de este escrito: 

"Veo que en un pequeño sector existe la intención de sabotear el proceso de selección del candidato del Centro Democrático". Y luego afirma: "Hay sectores del Centro Democrático que preferirían un candidato conservador".

Seguramente el Senador José Obdulio Gaviria quiso decir de origen conservador y, desde luego, en esos términos su afirmación es válida.

Sin embargo, tal vez por un sentimiento atávico, imposible de eludir, el doctor Gaviria bebe en la misma fuente que todos los contradictores que vetan al doctor Alejandro Ordóñez Maldonado, por ser católico y, además, conservador.

Se suma a esos exponentes del Partido Liberal, el partido del libre examen, el respeto a la opinión ajena, la tolerancia conceptual y el libre albedrío.

Pero los conservadores fieles al programa de Caro y Ospina, que dice: "El Partido conservador considera que ser o no haber sido enemigo de Santander, de Azuero o de López no es ser conservador. Porque Santander, Azuero y López defendieron también, en diferentes  épocas, principios conservadores", seguimos en la misma línea.

A pesar de que sé de la ilustración de José Obdulio Gaviria, considero pertinente recordarle que fue el doctor Álvaro Uribe Vélez, descollante figura del grupo liberal Poder Popular, fundado y liderado por el expresidente Ernesto Samper, y que siendo Senador elegido por Antioquia fue el ponente exitosísimo de la Ley 100, que dividió en dos la historia de la seguridad social en Colombia.

También debe recordar que, por insinuación no tan disimulada del Presidente Andrés Pastrana, un número bien importante de conservadores  votamos por Álvaro Uribe Vélez en el año 2002 para elegirlo Presidente, a pesar de su origen liberal, y por sus ejecutorias de gobernante insigne, lo reelegimos en el 2006. Además, fuimos muchos los conservadores equivocados que votamos por Santos en el año 2010.

Fundado el Centro  Democrático, muchos conservadores aportamos nuestro voto para ungir como senadores a 20 colombianos encabezados por tan encomiable líder y es así, como hoy, son Senadores destacados e importantes,  Iván Duque y José Obdulio Gaviria.

Por tanto, el inri de ser conservadores no lo aceptamos como tal, por tener justos y merecidos alamares, que nos permitan  válidamente, aspirar a que una persona de las ideas del conservatismo, pueda pretender, con méritos suficientes, ser el portaestandarte del cambio que Colombia clama y necesita, con la salvedad de que ese origen ideológico no es suficiente por si solo para reclamar tal derecho; se necesita, además, probidad y sabiduría demostradas, por parte del aspirante.

No estamos en orillas opuestas con el doctor Iván Duque por su origen liberal; ya antes lo hemos demostrado con la realidad de nuestros votos, y jamás vamos a cambiar nuestra práctica democrática y tolerante por embestir, como res brava, contra el trapo rojo. ¡Ni más faltaba!

Estamos donde estamos y coincidimos con el doctor Fernando Londoño Hoyos, porque Iván Duque ve con buenos ojos y busca la égida del magnate europeo señor Soros que financia, en el mundo, campañas a favor de la legalización del consumo de la marihuana y el aborto y apoya, económicamente, campañas en pro de los movimientos insurgentes en América.

Estamos en vertientes de opinión diferentes porque el doctor Duque fue desleal con el doctor Uribe, en su polémica con Daniel Samper Ospina, y  también lo fue con su colega la Senadora Paloma Valencia y su hijita Amapola.

Estamos en contra de la falta de firmeza  ante la guerrilla de las FARC y por su proclividad hacia el presidente Santos.

Doctor Gaviria, usted no tiene razón cuando nos veta por ser fieles a nuestras querencias ideológicas. El tiempo le dará la razón a usted o a nosotros. Esperamos serenos su fallo inapelable.


viernes, 25 de agosto de 2017





ROMA  LOCUTA CAUSA FINITA


Por  Peloecaña


Corría el año 417 de nuestra era, y se debatía una controversia entre los seguidores de Pelajio, un hereje de la doctrina cristiana, y los fieles a ese credo, y entre ellos estaba San Agustín de Hipona, sabio y Doctor de la Iglesia.

En el  mismo año, el Papa Inocencio II declaró las tesis de Pelajio como herejía,  y ante la insistencia de los seguidores del hereje, en la defensa de sus afirmaciones, San Agustín le puso fin a la discusión con estas palabras: "Roma Locuta causa finita". Habló Roma, se acabó la discusión.

Desde entonces se sigue utilizando esta expresión para poner punto final a algo que se sigue discutiendo, a pesar de ya estar definido de manera pública y oficial. Es algo así como el fundamento de la cosa juzgada, o sea cuando nos referimos a la obligatoriedad del cumplimiento de una sentencia  ejecutoriada y en firme; pero luego vino la reforma constitucional de 1991 y nos trajo la figura de los fallos de tutela, y entonces la Cosa Juzgada recibió entierro de tercera y ahora los jueces resucitan las controversias cuando a bien tienen, siempre en detrimento del Derecho.

Si los amigos de Pelajio hubieran vivido en estos días, San Agustín hubiera naufragado en sus propios argumentos, y la herejía ya no sería tal.

Permítanme hacer uso de la analogía, para argumentar en defensa del fallo emitido por el propio Iván Duque.

Él mismo decidió ponerle fin al conflicto; su sentencia es cosa juzgada,  a no ser que sea impugnada ante un juez de tutela, escogido a la talla y medida del interesado y el fallador decida que lo afirmado por Duque no es cierto, y que aquí no ha pasado nada. Duque locutum causa finita.

En el día de hoy, en el programa La Hora de La Verdad, en su sección Al Oído, hicieron pública una grabación reciente, según la cual el precandidato de José Obdulio Gaviria,  por el Centro Democrático, califica a su partido como una secta, en la que el prior de esa secta es el monje Álvaro Uribe Vélez.

Esa es una verdad de a puño, no es una alucinación, ni el efecto de un delirium tremens  o de un estado de  éxtasis;  está ahí y, como Ernesto Samper, esta ahí y ahí se queda.

Como se trata de asumir responsabilidades, y como la sabiduría popular lo consagra, "el pez muere por su boca." 

No es una calumnia como diría Daniel Samper Ospina; le queda al doctor Iván Duque inaugurar una nueva figura en el novísimo Derecho Constitucional Colombiano, instaurar una tutela contra si mismo, para que el juez de bolsillo que la falle lo obligue a retractarse de lo dicho, so pena de ir a parar con su huesos al frío pavimento de un calabozo. 

Al doctor Uribe le corresponde, a partir de hoy, tener a Duque como un exprecandidato de la secta del cual él es el monje abad, prior y superior indiscutido, y al senador José Obdulio Gaviria guardar silencio mohíno, o respaldar a su pupilo y abandonar tan odiosa secta y tan incómodo priorato.

Si opta por esa última alternativa, le haría un beneficio enorme a la democracia representativa, porque es la oportunidad de demostrar que tiene votos propios suficientes para seguir en el Senado o, de pronto, puede ser la fórmula vicepresidencial de su paisano Iván Duque.

Esos arrebatos de grandeza tienen la ventaja de magnificar la de los partidos y decantar la política.


miércoles, 23 de agosto de 2017




YO  NO VOTO POR EL QUE DIGA URIBE



Por Peloecaña

Esta afirmación no es rotunda ni absoluta.

Yo no voto por el que diga alguien, porque haya decidido renunciar a mi libertad de decisión o porque acepte la cómoda postura de que otra persona escoja por mi; tampoco porque sea parte de una recua de acémilas.

Yo respeto profundamente al doctor Álvaro Uribe Vélez porque, puestos en la balanza del juicio personal y social, son infinitamente más pesados sus aciertos que sus eventuales y puntuales equivocaciones, pero como todavía no ha nacido el infalible, seguiré creyendo en él.

Pero, insisto en que no renuncio a mi libertad de optar por quien con méritos suficientes aspire a asumir la Presidencia de la República.

Si el doctor Uribe considera que un colombiano es su candidato y yo lo encuentro digno de mi confianza y respeto, desde luego ese candidato contará con mi respaldo y apoyo.

Pero si considero que su escogencia no es acertada, me apartaré de su recomendación y actuaré en consecuencia.

Como se viene sosteniendo, sin razón válida alguna, que el doctor Uribe ya decidió al respecto de las precandidaturas sometidas al criterio de la opinión, y que sus afectos están a favor del doctor Iván Duque, con el debido respeto, me apartaré de sus querencias y votaré por otro colombiano, en mi sentir, más digno de merecer mi adhesión y simpatía.

El abanico de opciones es una demostración del talante democrático de los que aspiran a contar con la unción de los electores, y una clara muestra del origen popular de cualquier gobierno.

Considero que estoy en el compromiso de explicar mi posición al respecto, teniendo en cuenta que he asumido el papel de opinador, para un número importante de personas que me honran con la generosidad de su lectura. 

Sería necio poner en duda la reciedumbre académica, en los campos de la Hacienda Publica y del Derecho Constitucional, del doctor Iván Duque; pero como a un candidato presidencial en ciernes no le son suficientes sus conocimientos y su solvencia intelectual, sino que a ese bagaje han de agregarse otras virtudes, como la coherencia ideológica, la lealtad a los principios y a las personas y la credibilidad, debo dejar en claro lo siguiente:

·      Su cercanía ideológica con George Soros es contraria a la plataforma programática del Centro Democrático y, en consecuencia, aparecen dudas sobre la solidez de su credibilidad. 

·      Nadie puede servir simultáneamente a dos señores y su proclividad hacia el Presidente Santos es incompatible con la lealtad que le debe a su jefe, el Expresidente Álvaro Uribe Vélez. 

·    En el reciente episodio del conflicto público entre el escribidor, Daniel Samper Ospina, y el doctor Álvaro Uribe Vélez, por las gravísimas ofensas e injurias proferidas por el comunicador, evidentemente violatorias de los derechos de la infante y de su señora madre,  la Senadora Paloma  Valencia Laserna, su compañera de bancada, dejó en claro su deslealtad con quienes merecían su respaldo firme e irrevocable y optó por quedar bien con las personas en disenso, quedando mal con todos. Su tibieza lo dejó en evidencia.

·   Su cómoda postura de guardar silencio cobarde, frente al injusto proceso que la injusticia colombiana y la prensa enmermelada han asumido en el caso del doctor Luis Alfredo Ramos Botero, también lo retratan de cuerpo entero; es la mejor manera que, por mano tercera, le quiten un contendor en sus aspiraciones presidenciales.


Pienso que esos argumentos son suficientes para jamás votar por el doctor Iván Duque y no me cabe en la cabeza que el doctor Álvaro Uribe sea garante de su opción presidencial.

jueves, 17 de agosto de 2017






LA  JUSTICIA


Por  Peloecaña

La más elemental, casi prosaica y simple definición de la Justicia la dio el Maestro de maestros: "Justicia es dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es de el César."

Más elemental, imposible; más certera, para donde; al alcance de todos los eruditos y profanos; cuánta pedagogía.

Luego han aparecido filósofos y juristas, pensadores y tratadistas, gentes del común y cada uno pretende atinar en definir tan fundamental concepto.

Los entendidos en la ciencia jurídica la clasificaron de variadas maneras: justicia distributiva, justicia social, justicia ordinaria, y cada una de las ramas de la ciencia jurídica tiene su propia justicia, pero nadie ha podido, ni podrá abarcar más de lo que abarca la definición de Cristo, sin pretender, ni más faltaba, que antes de El no existiera tan fundante valor ético; desde luego definido y aceptado como piedra angular de la coexistencia pacífica entre los hombres.

Los griegos, que para cada actividad humana siempre tuvieron una deidad, para la Justicia escogieron a Temis, esposa de Zeus, y la concibieron como una dama de  belleza deslumbrante, túnica impoluta y le encargaron la nobilísima misión de hacer que reinara la equidad entre los hombres.

Para evitar juicios espurios y parcializados, le vendaron los ojos, con el fin de no conocer, físicamente, las partes que controvertían; le pusieron en uno de sus puños, la balanza, cuyos platillos no podían inclinarse y cuyo fiel siempre fue el justo medio, y en el otro sostenía la espada que la dotaba de la fuerza necesaria para hacer cumplir sus sabias decisiones.

No hay en la historia universal una alegoría tan conocida y repetida como la de Temis, en todas las culturas que en el mundo son. 

Irene, "la que trae la paz", es una de las tres hijas de Zeus y Temis, y esto nunca lo han podido entender ni aceptar los epígonos del régimen, ni los guerrilleros colombianos.

Es episodio ineludible, para identificar la majestad de la justicia, en el judaísmo, el que narra cómo dos mujeres que se disputaban la maternidad de un infante, al no ponerse de acuerdo acudieron al rey Salomón a que definiera tamaña controversia, y es de conocimiento público la sentencia del  Rey Sabio que, desde luego, ratifica su sabiduría y la equidad de su sentencia.

Si la ley justa,  en la democracia, es el fruto del consenso entre los hombres, capaz de garantizar la armonía y la paz, la justicia es el servicio público, por excelencia, que permite la vigencia de ese consenso.

Solo la sabiduría y la fuerza moral de los jueces permitirá que ellos sean los titulares de la majestad del Estado.

Apabullantes sentimientos de frustración, de rabia, de impotencia produce vivir el espectáculo deprimente, de ver personas que usan la máscara de jueces para hacer befa de la sociedad y de las instituciones, que se disfrazan con toga de Magistrados para ejercer la jurisdicción, o sea para decir el Derecho, cuando en el fondo no tienen arrestos sino para prostituirse, "en rútilas monedas tasando el bien y el mal".

Meretrices de la justicia que han cambiado el consenso social, por la satisfacción del mandatario actual, para saciar apetitos también desordenados, repugnantes y de auténticos coprófagos.

Colombia ya tocó fondo y estamos en mora de iniciar el proceso de recuperación de la dignidad nacional.

¡Que pena! ¡que vergüenza! ¡que fastidio que los jueces que no asumen compromisos, toleren y cohonesten con su silencio cómplice la vigencia de los jueces corruptos a quienes todos tiene calibrados y tasados! Son tan corrompidos por pasiva, como los activos comerciantes de la juridicidad y del Derecho.