sábado, 20 de abril de 2019







LA  LEY SECA EN LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA

Por Peleocaña

El 16 de enero de 1920, el Congreso de los EE.UU. aprobó la Enmienda XVIII a su Constitución, según la cual se prohibió la venta, importación  y transporte  de bebidas alcohólicas en la Unión Americana. Esta prohibición se conoció como la Ley Seca.

Tal disposición legal generó la reacción inmediata de muchos comerciantes de las actividades antes permitidas y desde ahora prohibidas, y empezó uno de los episodios que más fuertemente  conmocionaron la vida de ese país.

La Ley Seca implicó el comercio clandestino de licores que, desde luego, trajo consigo los precios exorbitantes que los consumidores asumieron, sin importarles mucho, porque siempre fue superior la tendencia alcohólica que los costos de satisfacer el vicio.

Los millones de dólares que giraban alrededor de ese tráfico ilegal de licores atrajeron a los delincuentes a apoderarse de tan lucrativa actividad prohibida y fue el más connotado de todos Al Capone; y dicen los cronistas especializados que Joseph Kennedy, el patriarca del Clan Kennedy, también ejerció el contrabando de licores en la época de la Ley Seca.

Fue tan nefanda la mentada Enmienda XVIII a la Constitución Americana que su vigencia hubo de ser derogada el 6 de diciembre de 1933, mediante la Enmienda XXI; es decir, que la Ley Seca no alcanzó los catorce  años de vida, y  la producción, el  consumo, la importación y  el transporte de licores volvió a ser legal y la normalidad en ese campo regresó a la sociedad norteamericana.

Como los gringos tienen el don de la ubicuidad, en sus avanzadas de aculturación disfrazadas de ayudas institucionales a estos pueblos del Tercer Mundo, como los Cuerpos de Paz, hijos legítimos de la Alianza para el Progreso, conocieron de los efectos psicotrópicos de la coca, mediante la práctica del mambeo y la existencia del poporo, que son parte integral de la cultura ancestral de  los nativos del Amazonas y de las alturas andinas suramericanas, y también conocieron las vivencias de experiencias más fuertes que las que les brindaba la tecnología de los laboratorios sofisticados del gran país del norte, como el éxtasis, la heroína, el opio, el LSD y cuanta sinvergüencería se han inventado para satisfacer su enfermiza proclividad a sentirse dopados.

¡Pues bien! Fue ahí cuando empezó a abrirse paso el comercio a gran escala del clorhidrato de cocaína, que llegó a los EE.UU. para quedarse, y que se extendió por el resto del mundo desarrollado.

Bolivia, Perú y Ecuador han tenido siempre cultivos de coca, como parte de su cultura ancestral, y los "científicos" de otras latitudes les enseñaron a los capos colombianos, que se apoderaron de la actividad del narcotráfico, a producir lo que la sociedad civilizada reclamaba con tanto ahínco y con tanta desesperación. 

Cocaína por cientos de miles de toneladas métricas, demanda desenfrenada y entonces había que instaurar la otra cara de la ley universal del comercio, la oferta.

Como los demandantes son insaciables, la demanda supera con creces la oferta;  la consecuencia es el precio colosal del producto, que la penalización ha encarecido exponencialmente; en Colombia aparecieron los Al Capones, pero de la cocaína: Pablo Escobar Gaviria y su cartel de Medellín, Gonzalo Rodríguez Gacha, Carlos Lehder, los Rodríguez Orejuela y el cartel de Cali, el cartel del Norte del Valle, y todos los que en Colombia han sido, hasta llegar al cartel de las FARC, pasando por el dudoso honor de haber sido la primera narcodemocracia del mundo.

Y también en Colombia, como en los EE.UU., familias preeminentes y de insoslayable alcurnia fueron víctimas de la tentación del dinero a rodos  y a velocidades supersónicas con que aparece en la actividad  del narcotráfico.

En el gobierno de Álvaro Uribe Vélez se aplicó, con relativo éxito, la lucha de las autoridades contra esa actividad ilícita, lo que implicó que esos dólares cambiaran de patio y se trasladaran a México, pero vinieron los ocho años funestos del gobierno Santos y los cultivos de coca,  en nuestro país, crecieron descomunalmente y la producción de cocaína aumentó, como nunca antes, sencillamente como  resultado de los Acuerdos de La Habana.

Hoy el Presidente Duque está siendo conminado por el mandatario norteamericano, a eliminar la coca y el narcotráfico, todo por la incuria de Juan Manuel,  por haber recibido su herencia nefasta sin beneficio de inventario.

La institucionalidad de USA solo se demoró escasos catorce años para derogar la prohibición de la Ley Seca, y Colombia lleva casi cuarenta años manteniendo la lucha contra la más aberrante violación ética y legal,  que implica soportar toda la cadena de desmanes del narcotráfico.

Cuántos muertos más;  cuánta corrupción a todos los niveles y en todas las esferas de la sociedad colombiana; cuánta depredación hace falta para que los hijos de esta Patria adolorida entendamos que el más ilustre de nuestros connacionales, el doctor Álvaro Gómez Hurtado, como siempre, tenía razón. 

La solución al problema del flagelo que nos azota inclemente, el narcotráfico, es su legalización; que los consumidores de todas las latitudes aboquen el fin del problema o su reducción a proporciones manejables, como endemia de salud pública que es.


miércoles, 10 de abril de 2019





NO  VOLVERÉ A VOTAR POR EL QUE DIGA URIBE

Por Peloecaña

A pesar de que aún no se ha cumplido el primer año de gobierno del presidente Duque, ya muchos estamos pensando en quien lo debe suceder.

Por eso el título de este mensaje: "No volveré a votar por el que diga Uribe..." y los puntos suspensivos deben ser reemplazados así: a no ser que él diga que hay que votar por alguna de las personas que voy a mencionar:

Por Álvaro Uribe Vélez, por sus ejecutorias durante su ocho años de GOBIERNO.

Por Andrés Pastrana Arango, por su pulcritud a toda prueba, por el Plan Colombia, por haber sido el que destapó toda la podredumbre que hizo posible el proceso 8.000.

Por María Fernanda  Cabal, mujer inteligente, valerosa, hermosa, coherente y  llena de merecimientos para gobernar a Colombia.

Por Alejandro Ordóñez Maldonado, por firme e inamovible en sus principios religiosos, éticos y políticos, y por su probada condición de verdadero hombre de Estado.

Por Rafael Nieto Loaiza, por su juventud llena de madurez y por su solidez integral. 

Por Andrés Felipe Arias Leiva, por ser mártir de la democracia, por sabio y probo y, desde luego, por Agro Ingreso Seguro.

Por Luis Alfredo Ramos Botero, porque su paso por la política y por la administración pública son paradigmas de las mejores virtudes republicanas.

Por Jaime Castro Castro, por su solvencia jurídica, su aporte a la buena administración, como ministro y como alcalde de Bogotá, y constituyente, y por ser la más rutilante estrella del partido liberal.

Nunca votaré por:

Gustavo Petro Urrego, por toda su vida pública y clandestina, llena de una sucesión interminable de violaciones a la Constitución, a la ley y a la ética pública y privada. Su paso por la Alcaldía de Bogotá es el "summum" de lo que no debe ser un gobernante.

Por Claudia López, por su fanatismo recalcitrante y su falta de equilibrio emocional.

Por Antonio Navarro Wolf, por la toma del Palacio de Justicia, la muerte de José Raquel Mercado, el robo de la espada de Bolívar, y todas las hazañas vergonzosas del M19, y por ser copartidario de Petro.

Y por  una virtud negativa que los tres comparten, son marxistas leninistas, y pro santistas todos.

Por Germán Vargas Lleras, por ser cómplice, calanchín y beneficiario del nefasto y nefando gobierno de Juan Manuel Santos Calderón.


viernes, 5 de abril de 2019





GOBIERNE, SEÑOR PRESIDENTE II

Por Peloecaña

Qué sensación tan mortificante y lacerante la que experimentamos, cuando tenemos que comprobar que nos equivocamos a ciencia y paciencia y a pesar de estar advertidos con anterioridad de que  íbamos a errar; todo porque alguien con suficiente ascendencia y autoridad sobre la comunidad de la que hacemos parte, nos presentó el error bien adobado y sazonado, como diciéndonos  que bien valía la pena probar ya que, de pronto, atinaríamos. 

Pues, ni más ni menos, esa es mi experiencia, después de haber votado por el que dijeron Álvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana Arango.

En escrito anterior para Desiderata, recalqué la petición respetuosa al señor Presidente Duque, para que ejerza la autoridad que le asiste, y fui bien explícito en traer argumentos de orden constitucional, para sustentar mi impetración comedida.

Han pasado los días,  y el recomendado de los doctores Uribe y Pastrana no se ha dado por enterado, de que lo elegimos para que
G O B I E R N E, con todas las letras mayúsculas.

Los  instigadores de la minga y los que actúan en nombre de ellos son todos delincuentes redomados, se pasean orondos por las tortuosas calles de la mayoría de los artículos del Código Penal Colombiano, y como al Presidente le da miedo que lo secuestren porque sabe que el precio de su rescate es la entrega del poder a la subversión, entonces decide enviar a su Ministra del Interior, para que sea ella quien asuma ese riesgo, a sabiendas de que si no se paga el estipendio deseado, no pasará absolutamente nada.

Ya el representante de la cúpula marxista, Gustavo Petro, estuvo alentando a sus esbirros e instruyéndolos para que no cejen un ápice en sus pretensiones criminales y, desde luego, delictuosas. 

Y algún equivocado de los miembros encargados de la seguridad del Estado descubrió, de chiripa, que el gourmet  de lo que el comunismo internacional nos tiene recetado tiene su sede en el Palacio de Miraflores.

Señor Presidente aunque usted no lo crea estamos ante un complot para derrocarlo, y cuando se de cuenta de la inminencia de que eso suceda, ya va a ser demasiado tarde.

Cómo tiene vigencia en Colombia, hoy, los lamentos que algunos atribuyen a Bertolt Brecht, pero que en realidad son de Martin Neumöller:

ELLOS VINIERON

"Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, 
guardé silencio, porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, 
guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, 
no protesté, porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a buscar a los judíos, 
no pronuncié palabra, porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi, 
no había nadie que pudiera protestar."

Cuando la minga vaya por usted, no habrá ni uribistas, ni pastranistas, ni conservadores, ni liberales,  ni nadie que proteste por usted, porque usted es santista.