miércoles, 29 de junio de 2016






           CARTA ABIERTA AL DOCTOR ÁLVARO URIBE VÉLEZ



Señor doctor
Álvaro Uribe Vélez
Gran Colombiano

Presente.

Respetado y admirado doctor Uribe, reciba un fervoroso saludo, junto con mis fervientes votos por su bienestar personal y el de toda su familia.

La vivencia afortunada de haber sufragado por usted, para que ejerciera por dos períodos consecutivos la Presidencia de la República y la prolongación de ese beneplácito, al contribuir con mi voto a su elección como Senador y como adalid de una esperanza, considero que me dan el derecho a expresarle estas opiniones, siempre respetuosas y, por tanto, francas y directas en correspondencia a su talante franco y directo, una constante en todos los actos de su vida. 

Parece que Diógenes, el filósofo cínico, que no desfachatado, dijo: "El movimiento se demuestra andando", y también expresó:" Busco un hombre honesto".

En sus dos anhelos acertó; no me equivoco, al afirmar que en usted encontró el hombre honesto que otrora buscara y, desde luego, el mundo no es estático, se mueve y camina.

Cuando usted, sacudido y aporreado por la traición del más connotado émulo de judas, Juan Manuel Santos Calderón, decidió crear un nuevo partido político, el Centro Democrático, lo hizo con el firme e irrevocable propósito de marcar diferencias con lo que hasta ahora ha sido la impronta del quehacer político.

Ha habido aciertos y, desde luego, fallas, errores; esa es la consecuencia de pertenecer a la especie humana.

Sin embargo, el devenir de la acción partidista les da a quienes la ejercen la oportunidad de la congruencia y la opción de ser coherentes.

Si de verdad existe diferencia entre los adeptos y voceros del Centro Democrático y el resto de partidos representados en el congreso de Colombia  -y no me refiero a la diferencia que no existe entre la Ministra de Educación y su compañera o la que no hay entre la Senadora Claudia López y su pareja- nunca como ahora aparece la circunstancia feliz de demostrar que no caben en el mismo saco los parlamentarios de la Mesa de Unidad y los congresistas opositores del Partido que usted fundó, dirige y orienta.

El Presidente Santos, acostumbrado a comprar todo, porque todo se vende, en un alarde de grosería y malas maneras, ha pensado que el Congreso es una "caterva de vencejos", y en una decisión cuya juridicidad no es clara, pero que su inequidad si brilla con luz propia y que enceguece, le puso precio numerario a todo el parlamento.

Aumentó el valor de las dietas en casi un 8% a los Senadores y Representantes, a sabiendas de  que ese aumento también cobija a los más altos heliotropos de la nómina estatal.

¡Vaya uno a saber cuál es el soporte legal de esa compraventa!

Una cosa es el 7,7% de $25.000.000.oo y otra menos del 4% del salario mínimo, escasos  $600.000.oo, para el 1º de enero de este año.

Esa es la manera como Santos concibe la equidad y la manera de cerrar la brecha, entre los que todo lo tienen y los que carecen de casi todo.

Así las cosas, doctor Uribe, en nombre de la gente decente de este país, le impetro respetuoso, le ruego comedidamente renuncie al aumento vergonzoso con que el Presidente tasa a sus áulicos y paniaguados, y que se note su racional autoridad sobre la bancada del Centro Democrático, para que todos los hipotéticos beneficiados de la compra impúdica de Santos, de ese Partido, el Centro Democrático,  salgan indemnes y con la frente en alto de tan irrespetuosa tasación.

La renuncia solicitada ha de ser pública y, desde luego, efectiva.

No concibo verlo a usted, doctor Uribe, ni a las Senadoras Paloma Valencia, Tania Vega, ni a la Representante María Fernanda Cabal, ni a ninguno de los miembros de la bancada parlamentaria del Centro Democrático consumiendo el plato  envenenado de mermelada, servido por el Presidente indigno y vendepatria.


Peloecaña

viernes, 24 de junio de 2016





SE ACABÓ EL MISERERE


Por Peloecaña

El miserere es la versión latina del canto litúrgico de los ritos fúnebres, inspirados en los salmos, que se conocen como Las Lamentaciones.

Pasó el tiempo de denunciar predaciones y barbaries y de pañitos de agua tibia; llegó la hora de tomar el toro por los cuernos, si queremos sobrevivir a tanta ignominia, humillación e indignidad.

Los medios, en ejercicio de su abusiva autoproclamada autoridad, no se cansan de marcarnos con un hierro en el cachete, en la paleta o en el anca, de derechistas, cavernícolas, godos, trogloditas, retardatarios, paramilitares y católicos; y según esta marca indeleble debemos renunciar, sumisos y serviles, a ser alternativa óptima de poder y forjadores de nuestro propio destino.

De tanto oír la lista de violaciones al Derecho Internacional Humanitario, a los derechos humanos, que diaria y nochemente cometen los terroristas guerrilleros en vergonzoso contubernio con el régimen santista y cansados de padecer la indiferencia de las autoridades encargadas por la Constitución y por la ley de proteger la vida, honra y bienes de los habitantes de Colombia, nos hemos acostumbrado a padecer y soportar ese statu quo asqueante y que ya ni repugna.   

Llegó la hora de avanzar de la recolección de firmas a la actitud decidida y firme de consolidar una oposición respetable y respetada, orgánica y organizada, al gobierno montado por quienes hoy, con razón, lo cuestionan pero no lo combaten.

De buena fe, sin duda, el Presidente Uribe y su más cercano colaborador, el  doctor Fernando Londoño Hoyos,  nos embarcaron en la elección de Santos y también los dos fallaron en la candidatura del doctor Oscar Iván Zuluaga, para enfrentar a Santos en la reelección; pero no podemos quedarnos viendo la ciudad incendiada de Sodoma, so pena de convertirnos igual que Edith, la esposa de Lot, en estatuas de sal.  

Es tiempo de aunar voluntades, inteligencias y prestigios, para que en una Gran Alianza por Colombia empecemos la reconquista del poder para el pueblo y por el pueblo; por la patria y para la patria; para la nación como ente político respetable y digno y por la integridad del país.

Si de veras amamos esta patria de nuestros mayores, no podemos renunciar a prestar ese servicio cívico tan noble y halagüeño, y es obligación de todos deponer rencillas y diferencias que no sean de principios. 

El enemigo común es el régimen que nos oprime y agobia; que nos pisotea y sojuzga; y sus representantes, adalides y voceros no están escondidos, son plenamente identificados, y todos los conocemos, porque en derroche y alarde de cinismo se despojaron del pasamontañas y de su máscara de personajes, para mostrar su verdadera cara de auténticos, siniestros y terroríficos sujetos, listos a pasarnos por las armas.

Ni el Centro Democrático, ni el Partido Conservador, ni los integrantes y militantes de otros partidos y movimientos solos podrán reemplazar el régimen nefando que tan lacerantemente nos lastima y acosa; es imprescindible la voluntad indeclinable de todos los hombres de buena voluntad, que aglutinada en enjambre, en torno a sentimientos superiores, nos conducirá a buen puerto y al triunfo que tanto necesitamos y anhelamos.

Llegó la hora de la generosidad, porque es más lo que nos une que lo que nos separa; el trofeo que nos espera es una Colombia respetada, respetable y digna.

Doctores Martha Lucía Ramírez, Carlos Holmes Trujillo, Jaime Castro, Mariano Ospina Hernández, Enrique Gómez Hurtado, Ignacio Valencia López, Andrés Pastrana Arango, Álvaro Uribe Vélez, Francisco Santos Calderón, General Harold Bedoya Pizarro, Coroneles Plazas Vega y Mejía Gutiérrez, la patria nos necesita a todos sin excepción.

Doctor Fernando Londoño Hoyos deponga odios viscerales y trasnochados y relea el libro de su paisano manizalita el gran Silvio Villegas: "No hay enemigo a la derecha".  

Empecemos ya a darle cuerpo y vida a la Gran Alianza por Colombia y a diseñar y ejecutar la Nueva Campaña Libertadora.

"Si perdéis esta ocasión única y feliz, antes de seis horas seréis tratados como insurgentes" (José Acevedo y Gómez).


domingo, 19 de junio de 2016




LA  NUEVA SANTA INQUISICIÓN

Por Peloecaña

No había acabado de ser enterrada la inquisición de la catolicidad, vergonzante y vergonzosa por sus maneras y procederes, cuando aparece su par, ejerciendo las mismas funciones por los intolerantes no católicos, porque ese es un talente propio de la humanidad y, desde luego, no es práctica exclusiva de alguien. 

En el último número de la revista de los herederos del expresidente López Michelsen, el mismo de la Handel y de la Hacienda La Libertad, escribe el columnista Daniel Coronel, el tocayo del dictador nicaragüense y del profeta que caminó indemne por entre los leones y las llamas, y también tocayo por apellido y por rango militar de Gadafi, Chávez y también de los coroneles Plazas Vega y Mejía Gutiérrez, escribe una columna, a horcajadas de afirmaciones mentirosas graves.

La magnitud de esas mentiras me impiden guardar silencio, muy a mi pesar, por los sentimientos de repulsa que me inspira escrito tan protuberante mentiroso.

En su escrito que titula la "lunga mano" una vez más el veneno de su jeringa que utiliza como pluma, lo vierte contra el Procurador General de la Nación, doctor Alejandro Ordóñez Maldonado, y contra algunos de sus cercanos colaboradores.

El neotorquemada sindica al Procurador de poner en el mundo de sus próximos colaboradores, en el ente de control administrativo, a sus amigos de vieja data, y para probar su afirmación dedica su acuciosidad periodística a averiguar la existencia de personas jurídicas cuyos asociados sean los mismos que hoy lo acompañan a cumplir la misión que, por mandato constitucional, le corresponde.

Singular y especialísimo rasero.

 ¿Acaso no se da la misma circunstancia entre el Presidente y sus colaboradores más cercanos? 

¿Acaso los electores no escogen según su propio gusto a los funcionarios de elección popular, gobernantes y legisladores?

¿Acaso el régimen no ha escogido entre sus amigos y cómplices a los administradores de justicia?

¿O quiere Coronel que Santos gobierne con sus enemigos y pacte alianzas con los congresistas enemigos, o permee al poder judicial aliado con jueces que no sean de su gallada?

Pero he afirmado que lo dicho por Coronel en su columna es una sarta de mentiras y paso a demostrarlo:

Dice el opinador: "Cada cual es libre de creer  lo que quiere. Lo grave es que los cofrades también profesan un credo político que los lleva a usar el poder de sus cargos civiles para amparar sus correligionarios y a otros afines".

Lo transcrito entre comillas es para la galería;  ¿por qué  hace don Daniel acto de fe en la libertad de creencias del señor Procurador, pero es grave conducta que quienes creen lo mismo que el Procurador sean llamados a ejercer "cargos civiles", para "amparar a sus correligionarios y a otros afines" ?

Entonces ¿la igualdad de las personas ante la ley, de que habla el artículo 13º de la Constitución, se aplica al doctor Ordoñez Maldonado, pero a sus correligionarios no?

¡No sea mentiroso opinador Coronel!.

¿Cree, Daniel Coronel, que las libertades consagradas en el artículo 20º del Estatuto Constitucional, que consagra la libertad de expresión, la libertad de información y la libertad de prensa, subroga o deroga el mandato expreso contenido en los artículos 18º y 19º, atinentes a la libertad de conciencia y a la libertad de cultos? ¡No periodista, no sea mentiroso!

Ninguno de los detractores del doctor Alejandro Ordóñez Maldonado y de quienes, en este caso concreto, son sus colaboradores cercanos han podido sindicarlos de violar principios jurídicos y éticos elementales; son reos del delito de opinión, son reos de profesar un credo religioso y una militancia ideológica partidista determinada.

Esos detractores se ufanan de ser amigos del libre examen, de la tolerancia y del libre albedrío, pero se revelan como energúmenos dogmáticos y fundamentalistas cuando de aceptar católicos y conservadores se trata.

¿Acaso pretenden que tales colombianos objetos de tan evidente anatematización deben ejercer sus posturas intelectuales y sus identidades culturales, mediante la militancia en sociedades secretas y clandestinas?

Coronel no tiene razón, no puede tener razón, salvo que los católicos y los conservadores sean declarados portadores de enfermedad deprimente y vergonzosa, por el tribunal que imparte excomuniones y del cual él hace parte principal y notoria, sean declarados enfermos morales y eliminables.

Pero permanezca donde está; ese es su lugar, ni los católicos ni los conservadores lo aceptamos en nuestro causa. 


sábado, 18 de junio de 2016






LA  GUERRA URBANA

Por Peleocaña

No hace falta ser un lince, ni mucho menos el campeón de la perspicacia para afirmar con razón que el Presidente Juan Manuel Santos Calderón se quitó el pasamontañas y decidió mostrarse ante el país, ante  la patria y ante la nación como el personaje que ostenta la doble condición de comandante supremo de las Fuerzas Armadas, por mandato de la Constitución, artículo 189, numeral 3,  y comandante en jefe de las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia, FARC, ejército del pueblo, por decisión autónoma del secretariado de esa guerrilla,  auténticamente paramilitar en el más estricto significado de esa expresión.

En el día de ayer, desde Medellín, y en desarrollo del Foro Económico Mundial de Economía, en ejercicio de esas dos funciones que nunca antes en Colombia nadie había ostentado, sin pestañear ni sonrojarse, y ante la presencia de los delegados a tan importante evento internacional, a través de todos los medios de comunicación, decidió notificarnos a los colombianos y al mundo que si no se refrenda por la voluntad popular  su plebiscito tramposo  y atentatorio contra la dignidad de la República, sus súbditos de la guerrilla trasladarán la guerra apátrida y asesina a las ciudades de Colombia, haciendo énfasis en que una cosa es la guerra en los campos de la patria y otra en los centros urbanos de esta Colombia pisoteada, menoscabada y lacerada.

Esa notificación inaceptable retrata al Presidente de cuerpo entero.

Su conducta confirma, de manera reiterada,  lo que para él significa la población rural colombiana, condenada per secula seculorum a padecer y soportar los avatares de la guerra subversiva y terrorista, ejercida por sus áulicos sin consideración ni piedad, violentado sistemáticamente los más elementales derechos humanos, que los campesinos deben sufrir como algo baladí, dada su condición de seres de ínfima categoría.

Y también Juan Manuel pretende que la vesania terrorista debe ejercerse contra la población urbana, si Colombia se niega a aprobar todas las predaciones y atropellos que él en su insania nos tenga decretados. 

¡No Presidente! esa conducta suya tiene un nombre feo pero cierto, chantaje; es decir, usted es un chantajista, y en la legislación penal colombiana se llama amenaza.

El artículo 347º del Código Penal Colombiano reza: "Amenazas. El que por cualquier medio apto para difundir el pensamiento atemorice o amenace a una persona o familia, comunidad o institución, con el propósito de causar alarma, zozobra o temor a la población o en un sector de ella, incurrirá por esta sola conducta en prisión de..."

Están dados todos los elemento característicos de esa conducta típica punible.

- El que: usted,  Presidente Santos.
- Por cualquier medio apto para difundir pensamiento: La televisión y, en general,  todos los medios de comunicación.
- Atemorice o amenace: el anuncio del traslado de la guerra del campo a la ciudad.
 - A una persona o familia, comunidad o institución: Toda la población urbana de Colombia, junto con sus instituciones.
- Con el propósito de causar alarma o zozobra a la población: Nada más que el anuncio de la guerra, que intimida y causa  obvia zozobra en toda la población urbana de Colombia; mas del 80%.

Presidente, usted recorrió todo el iter criminis: La idea criminosa; la manifestación de esta idea; los actos preparatorios; los actos ejecutivos y los actos de consumación; todo esto enseñado por el Maestro Enrico Ferri.

Oportuno el comunicado expedido por el señor Procurador General de la Nación, pero su obligación constitucional ha de concluir.

Un paisano también epónimo del doctor Alejandro Ordoñez Maldonado, el entonces Fiscal General, doctor Alfonso Valdivieso Sarmiento, acusó ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes al entonces Presidente Samper de haber cometido delito, al comprobarse la certeza de las denuncias formuladas por el doctor Andrés Pastrana Arango, en gesto valeroso y patriótico que Colombia toda le agradece, salvo los áulicos del régimen.

Considero, con todo respeto, que el señor Procurador Ordóñez Maldonado ha de hacer lo propio en este caso concreto de amenaza, y la Comisión de acusaciones de la Cámara verá si repite la actitud ignominiosa que dio origen al proceso 8.000 o vuelve por sus fueros.

El Presidente Santos es autor del delito de amenaza de que trata el artículo 347º del Código Penal, pero su conducta condenable es además torpe y con ella apuntilló el proceso de paz que tanto nos ha costado y constituye felonía a sus amigos de las FARC.

Es tan protuberante y notoria su estulticia, que le ha valido la condena de los amigos de la paz fementida y de nosotros  los enemigos de la guerra tan temida.