martes, 29 de mayo de 2018






LOS POLITÓLOGOS

Por Peloecaña 

Pasaron las elecciones presidenciales y por enjambres aparecieron los flamantes politólogos, invadieron el país, como lo hacen en cosecha en Santander, las hormigas culonas.

Ante tan abundante y espontánea generación, no resisto a la tentación de  hacer mis elucubraciones, siempre con el ánimo de acertar y, a pesar de haberme pasado el momento de ser de la primera juventud, voy a dar mi opinión personal, basado más que nada en lo que significa la experiencia de los años vividos.

Los departamentos tradicionalmente conservadores han vuelto por sus fueros: Antioquia, Boyacá, el Viejo Caldas, Cundinamarca, Huila, Meta, Norte de Santander recordaron su pasado glorioso y su militancia  tradicionalista, y votaron abrumadoramente por la dupla de la Gran Alianza por Colombia, integrada por el Dr. Iván Duque Márquez y la Dra. Martha Lucía Ramírez; el primero, de la cantera del Centro Democrático y la dama de las filas de mi Partido Glorioso, mi Partido Azul Conservador. 

Solamente Nariño faltó a la cita con la historia.

Si los analistas políticos de otras generaciones, como yo, recorremos las página del pasado  político de este país, hemos de concluir que el aporte del conservatismo de las regiones arriba citadas, fue una cuota excelente electoral al triunfo del nuevo Presidente y su fórmula vicepresidencial.

Los exconservadores ahítos de mermelada, que optaron por candidatos distintos al del Centro Democrático y el Partido Conservador, se han quedado con el pecado y sin el género, y con los niveles de felonía, fuera de cualquier cálculo.

Para fortuna nuestra, la segunda ronda electoral será enfrentándonos al candidato de la guerrilla, y no al Dr. Fajardo, porque a sus electores les queda menos complicado votar en la ronda definitiva por el Dr. Duque,  que a los petristas, porque el problema del candidato guerrillero y de sus fans, es su antiuribismo enfermizo.

Quedó demostrado que el triunfo del NO,  en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, fue infinitamente más amplio que el aceptado por el régimen.

También está probado, hasta la saciedad, que la vocería del Dr. De la Calle, como jefe de la delegación oficial, que hizo la pantomima de dialogo con las FARC, en La Habana, condujo al Partido Liberal a su desaparición del panorama político nacional.

Y, además, se confirmó que Colombia no acepta las gabelas, privilegios y canonjías, que el establecimiento santista les dio a las FARC, en particular, y a la insurgencia en general.

También se salvan la empresas encuestadoras, porque atinaron todas en la medición de la impopularidad del gobierno; ni la Gran Alianza por Colombia, ni el petrismo izquierdoso ni el fajardismo son proclives al régimen santista, los amigos del presidente Santos, fracasaron en toda la línea, por su vinculación al desgobierno; es decir, por andar en malas compañías.

Para terminar, el centralismo bogotano de la campaña triunfadora debe rectificar y darle apoyo logístico pleno y oportuno a las regiones, si quiere ratificar, en segunda vuelta, la voluntad mayoritaria de los colombianos.

Nadie, absolutamente nadie, por prestante que se crea, puede arrogarse la facultad de señalar cuáles son los respaldos electorales válidos que incrementen la votación de la segunda vuelta, que nos permitirá asumir la dirección definitiva del Estado. 


sábado, 19 de mayo de 2018





NUNCA EL VOTO HA SIGNIFICADO TANTO

Por Peloecaña

Estrené mi cédula de ciudadanía votando para presidente de Colombia, por el Dr. Carlos Lleras Restrepo, no obstante  mi conservatismo ultramontano, porque ese talante, inculcado en mi hogar, me enseñó que la invitación de el Libertador Simón Bolívar en el umbral de la muerte, más que una invitación era su acervo sucesoral: La Patria por encima de los partidos.

El voto de hoy, para mi, constituye la expresión de mi voluntad política, mas transcendental, más obligante y más sentida de todos los votos que en el pasado he dado.

Si ha habido un voto consciente y pertinente, es el que voy a emitir, no por una persona en particular, el Dr. Iván Duque Márquez, sino por todo lo que en deseo y anhelos lleva implícita la salvación de Colombia.

Vuelvo a votar por alguien, cuya militancia partidista no coincide con la mía, en teoría formal, sus raíces estuvieron ancladas en un muerto insepulto, el Partido Liberal, pero  supervive en las enseñanzas de El Gran Colombiano, se ha nutrido de las vivencias intelectuales y morales  de ese prohombre que es Álvaro Uribe Vélez, quien también hizo tolda aparte, cuando entendió que la libertad sin orden es un mito y por eso fundó el Centro Democrático.

Nunca he negado las glosas que tuve a los antecedentes de las preferencias personales de Iván Duque Márquez, por quien  voy a votar. Su periplo intelectual y político, como Senador del Centro Democrático, es más afín con  mi talante, que el pragmatismo funesto de quienes diciéndose conservadores, han sido coautores de la catástrofe moral, política, económica, social  y administrativa que padecemos con tanto dolor de patria.

La más alta heliotropía del otrora glorioso Partido Liberal lo sepultó, porque tan nefandos personajes siempre han mirado por encima del hombro, todo lo que les circunda.

El  voto del próximo 27 de Mayo no es cualquier decisión; implica, ni más ni menos, la definición de optar entre alternativas bien definidas:

La tan fementida y manoseada democracia, nos ofrece la posibilidad de refrendar la vigencia de los Acuerdos de La Habana, escogiendo la más exótica de todas las opciones, el marxismo leninismo, la dictadura del proletariado, la exaltación de los violadores de todos los Derechos Humanos, la permanencia en el narcotráfico, en la violencia intimidadora, en el terrorismo guerrillero.

También nos brinda el mantenimiento del statu quo, prolongando en el tiempo,  los ocho años de desgobierno más vergonzantes y vergonzosos, que nuestra historia republicana haya conocido, respaldando a quienes han sido protagonistas grises y, a veces, oscuros del actual gobierno.

Y, desde luego, la alternativa más halagadora, la -en mi sentir- más esperanzadora posibilidad, la de volver por nuestro fuero, la de restablecer el sistema republicano que en un pasado no lejano, nos dio certidumbre moral, tranquilidad institucional y vigencia de la juridicidad.

Para recuperar la confianza en la justicia, el respeto a  los derechos de todos, sin excepción, la vigencia de la Constitución y la ley, el destierro de la ley del más fuerte, la restauración de la agricultura permitida, la dignificación de la política y la preeminencia  de  las instituciones que nos escamotearon.

No podemos equivocarnos, debemos acertar y vamos a acertar, eligiendo en la primera ronda, a Iván Duque Márquez como presidente de los colombianos, y a Martha Lucía  Ramírez, fruto del consenso no escrito, pero tácito e indestructible, y también suscrito  que  constituye la verdadera Gran Alianza por Colombia.

Pastrana y Uribe, Uribe y Pastrana, como el Coronel Rondón en el Pantano de Vargas, con nuestros votos salvarán esta Patria nuestra tan querida y sentida.

Nuca antes de ahora, hubo un voto más consciente y justificado.


jueves, 17 de mayo de 2018





SEÑOR  YO  CREO, PERO AUMENTA MI FE

Por Peloecaña

En estos momentos de turbulencia, más que de crisis, es necesaria una fe bien sólida y anclada en el alma del creyente, de manera irrevocable para que, pasado el remesón, efluya fortalecida, remozada e indemne.

Aprendí en mi ya cada vez menos cercana juventud, leyendo el catecismo del Padre Astete, que la "fe, es creer lo que no vemos, porque Dios los ha revelado".

Y cavilando, entiendo por qué hablaban de la fe de carbonero; es la fe elemental, simple, sencilla y ciega, pero también debo aceptar que esa fe es exclusivamente religiosa; en otras palabras, es el Dogma de nosotros los católicos: La inmaculada Concepción, la Santísima Trinidad, la Eucaristía, la Redención, la infalibilidad del Papa, cuando habla excátedra, etc.

A  nosotros, quienes nos decimos católicos, no nos asiste ningún interés de cuestionar tales dogmas, no nos preocupa el racionalismo de quienes los ponen en tela de juicio, los aceptamos, sin beneficio de inventario, simplemente por virtud de la fe.

Pasado el tiempo, oí de uno de mis maestros otro concepto de fe, también referido al ámbito religioso: "Fe es la adhesión a la persona de Jesucristo", y me gustó esa definición, por más humana y universal, y porque la puedo hacer extensiva a todos los aspectos de la vida.

Si yo estoy adherido a alguien o  a algo, es porque tengo fe, porque creo en esa persona, en ese ideario, en ese valor, en ese símbolo; gozar de ese sentimiento de fe, implica tener esperanza y razones para amar.

Entonces es inevitable recordar, una vez más, las enseñanzas de la Iglesia: las virtudes teologales: fe,  esperanza y caridad.

Quienes aceptamos los dogmas, sin titubeos ni acondicionamientos racionales, no tenemos dificultades volitivas, no nos trasnochan las dudas de los ateos, ni de los agnósticos, ni de los marxistas, tenemos la conciencia y la mente tranquilas, dormimos sin sobresaltos.

En estos momentos, de aparente desconcierto, quienes recibieron la consagración de un apostolado y andan en contravía de los postulados que implica haber aceptado ese rol apostólico, sufren o gozan del repudio de los leales a sus creencias, de los que rechazamos su ausencia de fe, su conducta a todas luces abusiva y deshonesta y, desde luego, dolosa, porque actúan con conocimiento de causa, conscientes de su  mala intención, pero como tienen cinismo hasta para derrochar, su conducta la asumen convencidos de que son verdaderos delincuentes, reos de la fe,  masacradores de la esperanza y con total ausencia de caridad, con el agravante de que quieren aparecer ante el mundo como lo que no son: adherentes de las virtudes teologales.  

A quienes no comulgan con nosotros la identidad de credo, les manifestamos nuestra complacencia, por compartir la adhesión a unas personas,  a un ideario, a unos valores y a unos símbolos; esa identidad de adhesiones nos conmueve y llena de satisfacción; creemos y tenemos fe  en Colombia, en el buen comportamiento individual y social, en sus instituciones y en la patria lacerada, pero digna, y en sus símbolos, la Bandera, el Escudo y su Himno.

Desde luego, rechazamos, frontalmente y sin titubeos, las actitudes de quienes a mansalva y sobreseguros y amparados en hábito eclesial  pretenden mancillar la dignidad nacional.

Señor yo creo, pero aumenta mi fe.


martes, 15 de mayo de 2018





EL  ATENTADO AL DR. FERNANDO LONDOÑO HOYOS

Por Peloecaña

Hoy hace seis años, la guerrilla de las FARC, estimulada por sus amigos, cometió el más infame y condenable hecho criminal: atentar contra la vida de un colombiano egregio, valeroso hasta lo indecible y cuando quiere,  faro y guía de la gente decente de este país.

Las circunstancias de alevosía e insania  hicieron saltar todos los timbres de la solidaridad humana, cristiana y patriótica, en torno a este hombre, por mil títulos valioso,  eximio y ejemplar.

No hubo un solo colombiano de bien que no repudiara ese hecho criminal y condenable como el que más. No hubo un solo colombiano creyente que no elevara preces al Creador, para que la vida del patriota no fuera cegada, y para que el dador y Señor de vida lo mantuviera entre nosotros, recuperado, para seguir en la lucha contra la ignominia y  a favor de una Colombia mejor. 

Y nuestras súplicas fueron oídas y la patria alborozada, hoy registra  que el Dr. Londoño siga entre nosotros vivito y coleando.

Pero él,  en su egolatría hipertrofiada, insiste en quitarle su real significado a la intervención Divina, que lo mantiene superviviente.

Cristo, el Divino Maestro, el Mártir del Gólgota padeció su pasión y muerte,  el jueves y viernes santos de su tragedia salvadora, y los evangelistas la reseñaron para la posteridad, y la Iglesia Católica  exaltó a su condición de epopeya excepcional, y cada año, durante la Semana Mayor, conmemoramos su muerte y resurrección.

Pero el Luzbel manizalita pretende, en un arrebato de grandeza, minimizar la pasión de Cristo, al lado de su atentado nunca aceptable. 

Entonces,  ha decidido que una semana al año es insuficiente para recordar la injusticia de Pilatos, Anás y Caifás, Barrabás y Gestas y, en consecuencia, nos recuerda todos los días, al desayuno, al almuerzo y a la cena, que su sacrificio es más notable y contundente que el de el Dios humanado.

Dr. Londoño, usted está logrando lo imposible, que le echemos tierra a su dolor, por el uso abusivo del estímulo a la memoria colectiva. 

Quienes lo queremos de verdad, no necesitamos de su recorderis perenne. Su atentado criminal y artero siempre será rechazado por todos. Por favor, no cambie nuestro sentimiento de solidaridad y afecto.

Usted se ufana de que la bomba lapa que pusieron en su vehículo fue la primera utilizada en Colombia y la única, que se sepa, hasta el momento. Ante la magnitud del desatino, esa circunstancia es irrelevante. 

¿Acaso los evangelistas cometieron una gravísima omisión al no señalar el nombre de la madera en la que fue hecha la cruz patibularia en la que murió Cristo?

También se queja el Dr. Londoño del abandono en que están las viudas e hijos de sus abnegados escoltas muertos en el atentado. Pero eso tiene solución; usted es un ferviente católico como nos  lo recuerda permanentemente, y un hombre adinerado y desprendido; no siga esperando la acción del Estado, el movimiento se demuestra andando. Asuma usted, en gesto de gratitud, que lo enaltecerá,  la responsabilidad de la incuria estatal y asista a las viudas y huérfanos.

Tanta cantaleta y tanta alharaca no produce sino un solo efecto, el que motiva este escrito, que seguramente comparten muchos más, pero que,  mas prudentes que yo, guardan silencio.

Dijo el Libertador Simón Bolívar: "Nadie puede hablar de si,  sin degradar un poco su mérito".

El Dr. Álvaro Uribe Vélez ha sido objeto de muchos atentados y nunca lo hemos oído referirse a ellos.

Al Dr. Álvaro Gómez Hurtado lo asesinaron y con su magnicidio asesinaron las ilusiones de Colombia, y nunca hemos oído la reiteración delirante de sus reclamos, ni de sus consanguíneos ni de los más cercanos a su entorno.

Al Dr. Argelino Durán Quintero, también colombiano insigne y benemérito, lo asesinó la guerrilla y ni de su existencia, ni de su sacrificio nadie tiene memoria.

¿Acaso pretende el Dr. Londoño  que se repita la historia dolorosa del 9 de abril; que de los faroles de la Plaza de Bolívar cuelguen los cuerpos del Presidente Santos, de su hermano Enrique y del General Naranjo, al lado del de el Paisa y los ejecutores de su funesto atentado? 

Dr. Londoño, recapacite y entienda que a pesar de ser dueño de su propio destino, usted no puede dilapidar su bien ganado prestigio.

¡Ni tanto honor, ni tanta indignidad!