viernes, 17 de febrero de 2017



SEPTICEMIA

Por Peloecaña

La septicemia es una enfermedad gravísima que, según estadísticas recientes, produce mas muertes que algunos tipos de cáncer y que en buen romance consiste en una infección generalizada del organismo que se genera en la sangre y que si no se trata a tiempo, y de manera adecuada, es definitivamente mortal. 

La etimología de esta palabra está en el griego sepsis, que significa descomposición, putrefacción,  y cemia que traducido al español es sangre.

Cuando hablamos de ese horrendo morbo, generalmente oímos que es tan general la descomposición o la putrefacción que donde toquemos, mana pus.

¡Pues bien! No es exageración; la sociedad colombiana padece septicemia, producida por una bacteria que invadió la sangre de Colombia y que tiene nombre propio y se enquistó en el poder y se resiste a ser atacada.

El Estado Colombiano está putrefacto y corrompido, infectado por donde se le mire y a esa infección acuden los que tienen la sartén por el mango, no a curarla, sino a estimularla, con dolo y toda la mala intención imaginable, a mansalva y sobre seguro, y a través de una alianza macabra entre el gobernante, su gobierno y las guerrillas de todas las pelambres.

La corrupción septicémica no cesa; por el contrario, la alimentan unas mayorías legislativas ciegas e insensatas, irresponsables e inmediatistas, necias y corrompidas hasta la médula; y un poder judicial ejercido,  también descompuesto y corrompido, por los agentes de la putrefacción generalizada, que fallan en política partidista marxista leninista, antes que en Derecho,  y ante el silencio cobarde y timorato de quienes, sin ser de esa ideología, se contentan con devengar  como jueces y se conforman con ser meras fichas de un gremio. 

Y el poder corruptor de esa bacteria que maneja las riendas del gobierno, también convirtió en pus sanguinolenta y hedionda a los partidos políticos, aúlicos del régimen, el mismo régimen que asesinó a Álvaro Gómez Hurtado;  desterró a Andrés Felipe Arias Leiva; sacó de la competencia democrática a Luis Alfredo Ramos Botero; encarceló a los amigos de Álvaro Uribe Vélez, por ser reos del delito de solidaridad y lealtad; defenestró al Magistrado Pretelt por los mismos delitos, agravados por la circunstancia ser un juez sabio y probo; y  cercenó el período constitucional del Procurador Alejandro Ordóñez Maldonado, por la vergüenza de ser católico y el inri de ser conservador.

También esa bacteria corruptora compró la libertad de prensa, para baldón de quienes alguna vez quisieron ser dignos y honestos, y comunicadores independientes y súbditos impenitentes de la verdad.

Esa bacteria nefanda y nefasta también contaminó buena parte de la jerarquía de la Iglesia, los gremios, casi todos, el estamento militar en su cúpula y corrompió todo el sistema de contratación pública.

Pero no todo está perdido para Colombia y su sociedad; por fortuna hay esperanzas de recuperar la salud de la patria, de la nación y del país; tenemos médicos de reconocida solvencia moral e integral que nos pueden curar de tanta podredumbre, siempre y cuando nosotros queramos; la decisión de sanación es exclusivamente nuestra y absolutamente nuestra, en ejercicio de la libertad que nos queda, y que todavía no ha sido conculcada, podemos impedir el hundimiento definitivo de la nave y cambiar la tripulación toda, escogiendo un capitán avezado y superviviente de mil batallas y de incontables tormentas, avezados timoneles y oficiales y pilotos y curtidos  y leales marineros. 

Por fuera del régimen, que nos sojuzga y asfixia,  están los mejores  colombianos, los honestos y capaces capitanes y timoneles que, sin duda, nos llevarán a puerto seguro.


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