domingo, 5 de marzo de 2017


LA COHERENCIA IDEOLÓGICA

Por Peloecaña

La doctrina de los credos religiosos y de los partidos políticos constituye su acerbo ideológico y su razón de ser y una vez asumida la adhesión a esos principios se adquieren unos compromisos y la obligación intelectual de ser coherentes con lo que se asume; en esencia, ese es el talante de ser, por ejemplo, católico o budista o islamita; y en el campo político partidista, asumida y aceptada una adhesión a un ideario, la coherencia es de obligatorio cumplimiento, so pena de ser, cuando menos, mentiroso.

Yo no puedo reclamar ser católico si no creo en Dios, ni acepto los dogmas del catolicismo, por ejemplo la Redención; la Resurrección de Cristo; la Eucaristía; la Santísima Trinidad; la Inmaculada Concepción; la infalibilidad del Papa, cuando habla excátedra,  etc.

Se asume ese credo sin beneficio de inventario.  En asuntos de dogma no se puede ser ecléctico, hay que ser coherente con la opción religiosa asumida libremente, así nazca de la tradición familiar o de la íntima convicción personal; pero cuando la adhesión inherente a una persona o a un ideario, y nació por herencia,  el creyente tiene la opción de seguir teniendo fe o apartarse de la tradición trasmitida familiarmente. Todos estamos donde estamos, libremente, jamás por obligación ciega o contra nuestra voluntad.

Algo parecido sucede cuando se asume y abraza voluntaria y libremente  un partido político, dejando establecido que todavía hay militancias, sin saber a qué se compromete el militante o, lo que es peor, militancias sin talante, por mero utilitarismo, por conveniencia personal  y pragmática. 

Yo no puedo decir que soy auténtico conservador porque me nombraron en un cargo público, como cuota burocrática de ese partido, o me dieron un contrato jugosísimo, con la condición de manifestar que lo soy, y aportar en metálico a la causa del padrino de ese contrato, pero me doy el  lujo de reírme de principios esenciales del conservatismo.

Son principios fundantes del Partido Conservador:

El orden; la legalidad; la moral del cristianismo; la libertad racional; la igualdad legal;  la tolerancia real y efectiva;  la propiedad privada; la seguridad contra la arbitrariedad; la civilización contra la barbarie. Y cuando abrazo libremente ese ideario, no tengo opción de escoger a cuales me adhiero y a cuales no.

Por eso los que se dicen conservadores, pero que en el gobierno, en el congreso y en la administración de justicia han sido epígonos irrestrictos del régimen, jamás serán conservadores.

Por eso quienes no agotan esfuerzos para plantar la tiranía de las FARC donde hasta ahora había reinado la libertad, tampoco pueden cometer la audacia de llamarse conservadores, a pesar del conservatismo indeclinable de sus ancestros. 

El Centro Democrático es un partido político, nacido de una coyuntura histórica, como todos los partidos que en el mundo han sido; generado en una actitud de felonía y traición ejecutada a ciencia y conciencia por el presidente Santos, contra todos los idearios que lo llevaron al poder, gracias a la credulidad del expresidente Uribe.

Fue el Dr. Álvaro Gómez Hurtado quien enriqueció el ámbito de la política, cuando incorporó  a ella el concepto  "talante" y para referirse al universalismo de lo conservador.

Pues bien, el Centro Democrático abrevó en las fuentes doctrinales del Partido Conservador y, como él, también  tiene talante.

"El talante es un  estado de ánimo, una disposición espontánea pre-racional; es una  situación anterior a la actitud, una voluntad inadvertida de captar, de comprender, de  rechazar. Tiene, por lo tanto, una importancia decisiva en la  aptitud gnoseológica. Las cosas son,  en política, como nuestro talante nos las permite apreciar". Así definió el Dr. Álvaro Gómez Hurtado el talante político.

Hoy corren vientos de división en las huestes del Centro Democrático; todo porque unos tienen verdadero talante centro democrático y otros sufren  déficit de ese talante.

Quienes con honestidad y verdadero talante han señalado derroteros que a veces no son tenidos en cuenta por las personas más prestantes y que ostentan la máxima autoridad del Partido, circunstancia que han sido aprovechadas por disidentes y eclécticos ideológicos, para sacar ventaja en pro de sus intereses personales, léase precandidaturas presidenciales; los que van en contravía de la ideología del Centro Democrático, no se paran en pelos para imponer sus querencias y descalifican de mala manera y por interpuesta persona a sus oponentes circunstanciales.

El máximo jerarca y fundador del Partido, sin duda de buena fe, ha pretendido apagar el conato de incendio con gasolina y, desde luego, las llamas se han avivado.

Dios quiera que ésta sea la división creadora que añoraba el Dr. Carlos LLeras Restrepo para su partido liberal.

Cuando amaine el ventarrón y las aguas vuelvan a su cauce normal, se sabrá cuántos eran y cuántos quedaron en el Partido de los Doctores Uribe y Londoño.

Por eso las listas abiertas para Senado en el próximo debate electoral son necesarias, para que no resulten algunos reelegidos con los votos que aporta el prestigio colosal del Dr. Álvaro Uribe Vélez.


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