jueves, 10 de noviembre de 2016






LA  GRAN  MENTIRA  DEL  MUNDO: LA DEMOCRACIA



Por Peloecaña

Los forjadores de opinión, los periodistas, comunicadores profesionales se masificaron, entronizaron su verdad, que es lo más parecido a su negación.

Los medios tradicionales, prensa hablada y escrita, perdieron su batalla y la perdieron con los otros comunicadores, usted y yo, lo que eufemísticamente llaman las redes sociales.

Los profesionales del periodismo, los que cobran por ejercerlo, se quedaron con su cacareada libertad de prensa y todos o casi todos cambiaron esa libertad por credibilidad, y se les está agotando, porque todo se acaba si únicamente se consume; o si no vean cómo se está agotando la mermelada, por su consumo abusivo, adictivo, y moneda de trueque.

Está bien que los periodistas de opinión tomen partido por lo que creen y consideran su verdad, casi siempre subjetiva, porque  la objetividad es vista como corrupción, como irrespeto a las opiniones de las todopoderosas minorías, hoy en cenit de su órbita y en el apogeo de su glorioso imperio.

La regla de oro de la democracia ya no es el respeto a las mayorías, eso es puro cuento para atropellar los derechos de los diferentes.

Hoy, quien tenga convicciones éticas y crea en la transcendencia de unos valores pasados de moda y obsoletos, está inevitablemente out.

Los que están a tono con los tiempos son quienes estigmatizan la mayoría vergonzante, heterosexual, por seguir siendo mayoría; quienes creen en el respeto a la vida, a la propiedad privada, a la honra ajena y propia, a la paz de verdad, a la justicia pronta y cumplida deben ser marginados y proscritos, no tienen cabida en la suma de individualidades que jamás constituyen sociedad, los convoca únicamente el saberse diferentes.

En las naciones, cada cierto tiempo, los ciudadanos deben escoger sus representantes y gobernantes, y la suma de minorías se convierte en montonera mayoritaria y opresora; para la muestra, el poder omnímodo ejercido en Colombia por los grupúsculos minoritarios aliados en torno a la batea de las prebendas y canonjías.

El más patético reflejo de lo que las minorías quieren es la reacción de los electores de Hillary Clinton que se niegan a aceptar el veredicto de los resultados electorales.

No se trata de admitir o no si Donald Trump era el mejor de los candidatos en contienda; el quid del asunto consiste en que hay unas reglas del juego, conocidas desde hace decenios, centurias, que dicen cómo se elije un presidente en la Unión Americana.

Todo está previsto y hasta ayer todo era respetado, desde la manera de escoger los candidatos de cada partido, de elegir el presidente de entre esos candidatos, de cómo funciona el sistema electoral y hasta el 8 de noviembre pasado el sistema señaló quien fue el triunfador de esa contienda.

Pero ayer los perdedores salieron a protestar, porque el régimen de mayorías funcionó en la democracia americana y las minorías perdieron.

En Colombia, con este régimen es diferente; está previsto que el régimen minoritario gobierne, bajo la apariencia de unas mayorías inexistentes.

El primer paso que debe dar el que tiene la sartén por el mango es eliminar contendientes, máxime cuando esos competidores tienen posibilidades ciertas de triunfar. 

¡Hay que eliminarlos como sea! Hasta ahora la moda es encarcelarlos o desterrarlos, con el apoyo de jueces venales y corruptos; pero para estar más seguros del triunfo de la minorías, se acude a otros expedientes, se infiltran las campañas de los adversarios, se compran literalmente los medios de comunicación para que sean obsecuentes servidores de esas causas oscuras y pestilentes. 

La fiscalía profiere acusaciones y formula cargos, sustentados en testimonios falsos, a sabiendas de esa circunstancia, para eliminar oponentes y allanar el camino de obstáculos incómodos.

El presidente, en un alarde desfachatez inaudito en plena plaza pública de Barranquilla, ejecuta todo el iter criminis para cometer delito contra el sufragio y hasta ahora no ha pasado absolutamente nada.

Contra toda previsión el régimen pierde el plebiscito y el pueblo decide que los acuerdos de La Habana no nacieron, no existen; sin embargo, son la plataforma de discusión aceptada por los más eminentes voceros del NO, triunfante en la consulta popular. ¿Cuál democracia, si la voluntad mayoritaria popular vale nada?

Los insurgentes paramilitares guerrilleros no llegan sumados todos a 10.000; no obstante el presidente y sus áulicos están sometiendo a esas ínfimas minorías a mas de 48.000.000 de colombianos. ¿Donde está  la democracia?

Hoy 11 de noviembre de 2016, conmemoración de la Independencia de Cartagena, les vaticino que el candidato de la oposición al régimen ganará las elecciones de 2018, pero las minorías perdedoras repetirán lo de ayer en los Estados Unidos de Norteamérica.




2 comentarios:

  1. Es excelente.Colombia por obra de la politiquería depredadora y corrupta
    se ha convertido en una burla a la democracia.
    La han pervertido; la moral subjetiva es la regla, un exponente perverso es el ex fiscal Montealegre quien sentencio muy orondo que nuestra constitución es interpretable.
    Afortunadamente gano el NO porque de otra manera, los colombianos de bien que son la mayoría, estaríamos abocados a la dictadura del proletariado.

    Francisco Jimenez.

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  2. Muy enfocado, claro y directo el texto anterior. Da grima que en un hermoso pais como este, se haya incrementado la corrupcion y el desgobierno a tal nivel. Definitivamente los mal llamados "padres de la patria" estan llamados a desaparecer, por su soberbia, arrogancia, cinismo y grado de corrupción, con contadas excepciones,claro está. Un presidente solo nada hará.De ahí la gran corresponsabilidad de estos señores, además de alcaldes y gobernadores que tienen un sentido de servicio personal y/o familiar y no ejercen con el sentido verdadero de servicio a la comunidad que los eligió. Y de la prensa hablada y escrita, ni hablar; definitivamente solo les interesa el dinero; pululan los llamados "analistas", "consejeros", "investigadores", "expertos de opinion", etc que no aportan en veracidad y ecuanimidad en lo más mínimo. Solo alaban al gobierno de turno cuando ello a sus intereses conviene. En definitiva, prostituyeron tan honrosa profesión.

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