miércoles, 25 de enero de 2017





LOS PUEBLOS QUE PIDEN LAS FARC

Por Peloecaña

Este último lunes al oír la noticia difundida en La Hora de la Verdad, atinente a los pueblos que la guerrilla paramilitar de las FARC quieren que el gobierno construya en cada una de las zonas que les han concedido como asentamiento provisional, que por el pedido parece no son tan provisionales,  los comentarios de los protagonistas del programa provocaron en mi  auténtico dolor de patria.

Llamaban los periodistas la atención de la audiencia, haciendo mofa  de lo que los guerrilleros piden alrededor de lo que va a ser su hábitat próximo.

Cien casas, al menos, con espacios adecuados para sus moradores, con todos los servicios esenciales mínimos, agua potable suficiente, energía eléctrica, alcantarillado, telefonía, servicio de internet, calles pavimentadas, escuela, centro de salud, sede gubernamental, biblioteca pública, lugar de recreación comunitario, polideportivo, cancha de fútbol, etc.

Obviamente no piden lugar para el culto religioso porque la guerrilla no cree ni en el rejo de las campanas; es atea.

Tampoco hablan de los maestros para las escuelas pedidas, porque eso ya está conversado con FECODE, ni remotamente se refieren a los jueces del lugar, porque eso ya está acordado con ASONAL Judicial y en  la nueva manera de administrar justicia en Colombia, eso es compromiso gubernamental y está consignado en las actas clandestinas que hacen parte lo acordado en La Habana

Sin duda el comandante Santos y su secretariado, léase gobierno, estarán presurosos a cumplir la palabra empeñada.

Lo que me produjo escalofrío y me estremeció, fue la reacción del Director del programa y sus colaboradores; palabra más, palabra menos esto fue lo que oímos:

No están ni tibios.
¿No quieren  más?
Se va a aumentar el déficit fiscal.
¿Donde están los recursos?
Eso ni en Gramalote.
y un etcétera indefinido.

Pero más me confundió comprobar cómo los más grandes violadores del Derecho Internacional Humanitario, secuestradores y violadores de infantes; mutiladores de campesinos humildes, policías y soldados; narcotraficantes; destructores de la infraestructura eléctrica y petrolera del país, y mentirosos eternos, sean ahora los peticionarios de poblados rurales dignos y modernos.

 Más aún me deja perplejo la renuncia infame de la clase política a seguir siendo los voceros ante el Estado de los reclamos de sus electores, para que éste sea el depositario del clamor de quienes piden la solución de sus sentidas necesidades y su pronta satisfacción.

Y asombra que el más caracterizado programa de opinión, adverso, con justificados motivos,  a este gobierno felón y corrompido, tenga tan pobres argumentos para oponerse a los pedidos de la insurgencia guerrillera.

Lo que hay que descalificar, de una manera rotunda y contundente, es la ausencia de personería legítima y moral para que las FARC sean voceros de las comunidades que tanto han sojuzgado, vejado y atropellado, por decenios sucesivos.

¿Acaso el ejercicio digno de la política no consiste en ser apóstol del servicio a los demás, a los más necesitados, a los desamparados y a los débiles, a los huérfanos de la justicia social y el desarrollo con equidad?

Reos de lesa humanidad quienes periclitan  de su obligación para con la sociedad y la dejan en manos criminales indignas.

¿Acaso los pueblos humildes y lejanos de la geografía nacional no tienen derecho a gozar de todo lo que el Estado les niega  y que las FARC demagógicamente hoy piden?

Lo que sucedió el lunes en La Hora de la Verdad no se puede repetir. ¡Ni tanto honor, ni tanta indignidad!


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