viernes, 25 de agosto de 2017





ROMA  LOCUTA CAUSA FINITA


Por  Peloecaña


Corría el año 417 de nuestra era, y se debatía una controversia entre los seguidores de Pelajio, un hereje de la doctrina cristiana, y los fieles a ese credo, y entre ellos estaba San Agustín de Hipona, sabio y Doctor de la Iglesia.

En el  mismo año, el Papa Inocencio II declaró las tesis de Pelajio como herejía,  y ante la insistencia de los seguidores del hereje, en la defensa de sus afirmaciones, San Agustín le puso fin a la discusión con estas palabras: "Roma Locuta causa finita". Habló Roma, se acabó la discusión.

Desde entonces se sigue utilizando esta expresión para poner punto final a algo que se sigue discutiendo, a pesar de ya estar definido de manera pública y oficial. Es algo así como el fundamento de la cosa juzgada, o sea cuando nos referimos a la obligatoriedad del cumplimiento de una sentencia  ejecutoriada y en firme; pero luego vino la reforma constitucional de 1991 y nos trajo la figura de los fallos de tutela, y entonces la Cosa Juzgada recibió entierro de tercera y ahora los jueces resucitan las controversias cuando a bien tienen, siempre en detrimento del Derecho.

Si los amigos de Pelajio hubieran vivido en estos días, San Agustín hubiera naufragado en sus propios argumentos, y la herejía ya no sería tal.

Permítanme hacer uso de la analogía, para argumentar en defensa del fallo emitido por el propio Iván Duque.

Él mismo decidió ponerle fin al conflicto; su sentencia es cosa juzgada,  a no ser que sea impugnada ante un juez de tutela, escogido a la talla y medida del interesado y el fallador decida que lo afirmado por Duque no es cierto, y que aquí no ha pasado nada. Duque locutum causa finita.

En el día de hoy, en el programa La Hora de La Verdad, en su sección Al Oído, hicieron pública una grabación reciente, según la cual el precandidato de José Obdulio Gaviria,  por el Centro Democrático, califica a su partido como una secta, en la que el prior de esa secta es el monje Álvaro Uribe Vélez.

Esa es una verdad de a puño, no es una alucinación, ni el efecto de un delirium tremens  o de un estado de  éxtasis;  está ahí y, como Ernesto Samper, esta ahí y ahí se queda.

Como se trata de asumir responsabilidades, y como la sabiduría popular lo consagra, "el pez muere por su boca." 

No es una calumnia como diría Daniel Samper Ospina; le queda al doctor Iván Duque inaugurar una nueva figura en el novísimo Derecho Constitucional Colombiano, instaurar una tutela contra si mismo, para que el juez de bolsillo que la falle lo obligue a retractarse de lo dicho, so pena de ir a parar con su huesos al frío pavimento de un calabozo. 

Al doctor Uribe le corresponde, a partir de hoy, tener a Duque como un exprecandidato de la secta del cual él es el monje abad, prior y superior indiscutido, y al senador José Obdulio Gaviria guardar silencio mohíno, o respaldar a su pupilo y abandonar tan odiosa secta y tan incómodo priorato.

Si opta por esa última alternativa, le haría un beneficio enorme a la democracia representativa, porque es la oportunidad de demostrar que tiene votos propios suficientes para seguir en el Senado o, de pronto, puede ser la fórmula vicepresidencial de su paisano Iván Duque.

Esos arrebatos de grandeza tienen la ventaja de magnificar la de los partidos y decantar la política.


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